13 de mayo de 2010

Estamos al servicio de María...

" Estamos al servicio de María y habitamos en su casa,
sea, pues, santa nuestra vida..."
( Venerable Madre Úrsula )




VISITA AL SANTUARIO DE FÁTIMA


HOMILÍA DE SU SANTIDAD 




SOR LUCÍA DE FÁTIMA


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Busco Tu Rostro, Señor

Agradecemos a María Isabel, 
amiga de la Comunidad Teatina de Sevilla
la generosidad de compartir su experiencia de fe en Turin. 

"Cerco Il Tuo Volto, Signore-
 Busco Tu Rostro, Señor"
Crónica de María Isabel Ríos Monje ( Sevilla )





Desde pequeña he tenido dos deseos grabados a fuego en el corazón: visitar Tierra Santa y ver la Sábana Santa de Turín. Ambas las he realizado y ambas me han dejado huellas indelebles. La Santa Sindone, ha sido tradicionalmente considerada el lienzo que cubrió el Cuerpo de Nuestro Señor en el sepulcro, y testigo excepcional de su Resurrección sobre el que deja su impronta y su Sangre. La coronación de espinas, la flagelación, las huellas de los clavos en muñecas y pies, las rodillas y hombros magullados, el pómulo derecho hinchado y hasta la herida del costado, se convierten en un especial mirador a los relatos evangélicos de la Pasión.

Pasé muchas horas (la reserva sólo permite tres minutos, pero también se puede venerar un poco más atrás todo el tiempo que se desee) en oración, meditando sobre Su Pasión, y sobre mi vida. Si en Cuaresma me había dado la oportunidad de venerar la corona de espinas, en tiempo Pascual nada menos que me había regalado la de orar ante la Sábana Santa. Reflexioné cuanto significaba Él en mi vida, que era el núcleo de mi existencia, y en definitiva que Él era mi Todo. Los días que pasé en Turín sentí Su cercanía y, como no, también Su Ayuda sobre todo cuando el retorno a casa se presentaba tormentoso por la nube volcánica, y que logré en tiempo record utilizando 10 trenes y dos taxis, pero con el corazón alegre, muy lleno, y en paz.



La imagen de la Sindone es la de un hombre muerto en el que, a pesar de sus múltiples heridas y hasta de su corazón abierto, veo más la imagen de Su Resurrección. ¡Cristo Resucitado y Resucitador, el motor de nuestra fe! Cerco il Tuo Volto, Signore. Lo he encontrado.
María Isabel Ríos Monje
(Sevilla)









NOTA:En uno de los trayectos recibí un mensaje de una religiosa teatina (excuso su nombre,
no me vaya a tirar de las orejas) para darme ánimo, recuerdo que le contesté agradecida pero diciéndole que no se preocupara, pues volvía con el corazón vivo y muy lleno de paz.

10 de mayo de 2010

Preguntas y más preguntas...


¿ Habrá que decir basta...?

( artículo publicado en el blog de José Cristo Rey García Paredes: ECOLOGIA DEL ESPÍRITU )

Estamos en la cultura de las preguntas, los cuestionarios, las encuestas de opinión, los tests. A lo largo de nuestra vida nos vemos confrontados, en una ocasión u otra con preguntas a las que hemos de responder: a veces de repente, otras escarbando en la propia memoria, otras imaginando el futuro o dándole cuerpo a los sueños o a los miedos y desgracias…

Aunque uno es libre de responder o no a las preguntas, la verdad es que uno siente como una especie de imperativo interiorizado -al que no es fácil oponerse-; de ahí la sensación de un cierto acoso de interrogatorios, preguntas, cuestiones. Este acoso puede ser incluso sentido como un acoso a la intimidad, a los sentimientos más serios de la propia vida. Es verdad que el anonimato o la respuesta grupal quieren proteger la privacidad, pero uno se pregunta: ¿no nos estaremos extralimitando?
En medio de este contexto también nosotros, en la vida eclesial o religiosa, nos vemos frecuentemente interpelados por cuestionarios, preguntas, nos sentimos casi obligados a expresar nuestra opinión, nuestra vivencia, nuestra forma de pensar y actuar. Las baterías de preguntas no cesan. No importan la edad: tanto si eres joven, como de edad media, como de tercera edad. Se te preguntará cómo es tu experiencia de Dios, qué dificultades encuentras en tu vida espiritual, cuál es tu vivencia eucarística, qué bloqueos sientes ante la obediencia…. y otras cuestiones por el estilo. Luego se nos pide que respondamos a ello individual y comunitariamente.
Creo que estamos llegando a la obesidad del sistema. Se elaboran los documentos a base de preguntas, so capa de pedir la colaboración de todos. El sistema se vuelve agobiante. La falta de liderazgo de quienes debieran tener visión, la falta de sabiduría, la carencia de tiempos serios de reflexión, meditación y discerniento, nos lleva al imperio de lo obvio, al cumplimiento de ciertos objetivos sin someterlos a un serio examen de calidad. ¡Eso es lo que ustedes han dicho!, se dirá.
Pero entremos un poco en la cuestión. Hacer una pregunta puede ser una forma de encorsetar el pensamiento. Una pregunta puede bloquear la emergencia de auto-preguntas, de pensamientos más espontáneos y creativos. La pregunta puede asemejarse al capote rojo que el torero tiende al toro para que embista, pero que le ofusca ante el campo de visión de la plaza. Una pregunta nunca es inocente: es una forma de atraer la atención y de distraer. Las preguntas pueden convertirse en un “arma de distracción masiva”.
La pregunta puede convertirse también en una forma de control. Podríamos llegar a convertirnos para quienes nos formulan preguntas y cuestionarios en personas-respuesta. Suele ocurrir: no se le pueden hacer preguntas a quienes nos las hace. Ellos o ellas tienen el derecho de hacerlas: los demás de responderlas. Sin quererlo, quien pregunta se sitúa en un nivel superior. Se cree en el derecho de hacerlo y, probablemente, piense en que esa es la forma de hacer el bien. Pero no hay ordinariamente equidad entre quien tiene el derecho de preguntar y quien tiene el deber de responder. Quienes preguntan controlan a quienes responden. Es ésta la forma más sutil de control. Las bases de datos se van llenando con los datos aportados por quienes responden. Hoy estamos super-controlados en internet, en telefonía, en imágenes procedentes del espacio. Estamos en la sociedad del control, en aquella sociedad en la cual la intimidad, la privacidad, no es adecuadamente respetada.
questions
Antes, los maestros de vida espiritual nos aconsejaba llevar el examen particular, antes de la confesión nos pedían hacer examen de conciencia y nos facilitaban largos cuestionarios para responder y preparar la autoacusación, cada eucaristía había de iniciarse con un examen de conciencia y el día había de concluir con otro examen de conciencia. Luego en la teología de las postrimerías se hablaban del juicio particular y finalmente del juicio universal. Hubo un tiempo en que se pensó que semejantes métodos eran obsoletos y que había que entender al ser humano de forma más totalizante, más compleja, menos reductible a unas cuantas preguntas. Pero, cuál no fue mi sorpresa, al descubrir que los antiguos formularios para el examen particular, eran re-utilizados por algunos psicólogos para ir controlando la evolución de sus pacientes. Y cuál no sigue siendo mi sorpresa al ver esa forma usual, sutíl, de mantenernos en dependencia, controlados, que son las múltiples preguntas a las que hemos de responder en un momento u otro.
¿No hay otra forma de hacer las cosas? El asunto no se resuelve cambiando las preguntas en órdenes. También de esto tenemos una experiencia fatal. El asunto se resuelve, probablemente, generando contexto de alianza, es decir, de mutuo aprecio, mutua valoración, de diálogo. Y para ello hay que reconocer a otros, a los que no dirigen el derecho también a preguntar, a cuestionar. En el auténtico diálogo -no digo debate, ni lucha dialéctica- todos entran en la ecología de la pregunta y la respuesta, nadie controla a nadie, nadie se erige sobre nadie.
Finalmente, llega el momento en el cual hemos de confiar en la aparición de respuestas gratuitas, inmotivadas, a cuestiones que desde hace tiempo nos desafían. Hay que olvidarse del pelagianismo de las preguntas, para entrar en el diálogo de libertades, en el diálogo de los silencios, en la espera de la Gracia. Si soportamos el silencio,  probablemente descubriremos aquello que demasiados cuestionarios acaban por enterrar.
Cuando al final de un documento o de un texto se hacen preguntas, es posiuble que se considere al lector como alguien que está en un nivel inferior y necesita ser ayudado pedagógicamente. La pregunta la hace un superior a un inferior, un dominador a un dominado, un investigador a un investigado...


JOSE CRISTO REY GARCÍA PAREDES, CMF.

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9 de mayo de 2010

AMAR SIN EGOS Y SIN APEGOS...

" Sea el AMOR vuestra norma de VIDA..."
(Madre Úrsula)

La autoridad sin AMOR se vuelve tiranía.
El trabajo sin AMOR se vuelve esclavitud.
La amistad sin AMOR se vuelve engaño.
La oración sin AMOR se vuelve hipocresía.
El matrimonio sin AMOR se vuelve convivencia.
La limosna sin AMOR se vuelve asistencialismo.
El hogar sin AMOR se vuelve hotel.
La comunidad sin AMOR se vuelve asociación.
La educación sin AMOR se vuelve instrucción.
La justicia sin AMOR se vuelve rigorismo.
El éxito sin AMOR se vuelve arrogancia.
La obediencia sin AMOR se vuelve legalismo.
La fe sin AMOR se vuelve fanatismo.
La esperanza sin AMOR se vuelve utopía.
La riqueza sin AMOR se vuelve avaricia.
La política sin AMOR se vuelve corrupción.
La vida sin AMOR se vuelve algo sin sentido...

Gergorio Iriarte, omi

Publicado en Vida Religiosa
abril 2010


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Música para orar y compartir...


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