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31 de marzo de 2010

JUEVES SANTO: "estamos empezando..."

"ESTAMOS TAN AL PRINCIPIO"

" SEA EL AMOR
VUESTRA ÚNICA NORMA"
( Úrsula Benincasa )


Me envía Jose Luis Corzo las notas de su visita en Sotto il Monte a ese joven cardenal de 95 años, Mons. Loris Capovilla, que fue secretario de Juan XXIII. De sus palabras que rezuman libertad y frescura evangélica elijo éstas:

“¡Nos queda tanto para ser cristianos!… Tantum aurora est. No es más que el alba del cristianismo. Estamos empezando…”

Me llena de esperanza contemplar a la Iglesia como una joven discípula que está aún iniciándose en el seguimiento de su Señor. Al fin y al cabo “dos mil años en Su presencia son como un ayer que pasó” y a una novicia, aún inexperta y sin haber tenido tiempo para acostumbrarse al Evangelio, se le disculpan casi todos los errores.

Ya irá adquiriendo esa madurez grave que dan el amor y los años y llegará el momento en que, al ver a su Maestro quitándose el manto y ciñéndose la toalla para lavar los pies de los suyos, también ella se levantará y se arrodillará a su lado, al fin despojada y libre de todo lo que la distancia de él.

Quizá si nos decidimos a apropiarnos en esta Pascua, aunque sea torpemente, de alguno de los gestos de Jesús, adelantemos entre todos ese tiempo en que llegaremos a ser lo que no somos todavía.

Dolores Aleixandre RSCJ
VIDA NUEVA

18 de diciembre de 2009

Competencia Navideña

Competencia Navideña
Dolores Aleixandre (*)


Competencia es una palabra de moda y el último grito en el lenguaje educativo. La definen como: “la capacidad de responder a demandas complejas” y la traigo a colación porque cada vez me convenzo más de que nos lo jugamos todo en la “competencia básica” de irnos pareciendo algo a ese Dios de quien, si algo sabemos, es de su poderosa corriente de aproximación y cercanía. Esa que nos alcanza en Jesús y nos hace felicitarnos en Navidad porque Él nos contacta y nos roza, conecta con nosotros, se nos pega, se inscribe en nuestro censo como uno de tantos, se apellida “Hijo del hombre” en su DNI, se mezcla con nuestros sudores, olores y lágrimas, con nuestra saliva, barro, sangre y sueños.



Se presentó en sociedad expuesto e indefenso sobre un pesebre, sin protección de tapias, alambradas o alarmas, y por eso pudieron acercársele aquellos pastores que apestaban a cabra y a humo sin que se lo impidieran carteles como los que hoy los detendrían: “Propiedad privada”,” Recinto sagrado”, “Prohibido el paso”, “Perro peligroso”, “Avisamos grúa”.


Ser cristiano consistiría en tratar de coincidir con Dios en ese “instinto básico” de simpatía incondicional ante todo lo humano: “Ha aparecido la bondad de nuestro Dios y su filantropía… no por méritos nuestros sino por sola su misericordia.” (Ti 3,4). La filantropía evoca una predisposición “por defecto” de estar a favor de cualquier persona, más allá de sus desvaríos, aciertos, descalabros, heroísmos o mezquindades, con esa mirada de infinito respeto y reverencia que comunican por ejemplo las fotos de Sebastiao Salgado o Gervasio Sánchez .


Doy vueltas a todo esto desde una parada de autobús, y me sobresalta de pronto darme cuenta de que estoy emparedada entre dos anuncios: CK a mi derecha y D&G a mi izquierda. Al mirarlos, se me frena en seco la “simpatía incondicional” y me invaden sentimientos de extrañeza, distancia y “ajenidad”, algo que los antiguos llamaban xenosía (de xenos, extranjero). Miro a sus modelos en posturas inverosímiles, poseíd@s de su belleza, adust@s y hermétic@s, haciendo visible la infelicidad y la estupidez del mundo que representan, ése que, encerrado en su burbuja, se cree el culmen de la civilización mientras impera en él la barbarie de la indiferencia ante lo ajeno. Y me encuentro de pronto presa de la xenosía en vez de la filantropía y escapando de las noticias que me lo recuerdan: huyo para no enterarme de los sueldos de futbolistas y banqueros, de las sobornías y corrupcionosis de los políticos, de la alta cosmética, de los vampiros y los góticos, de la “Trilogía de culto”, de los avatares afectivos de la duquesa de Alba, de las pantallas de plasma, la nouvelle cuisine y la pasarela Cibeles. Y de vivir todo eso bajo las guirnaldas de las calles que alumbran a miles de ciudadanos en paro que ya no pueden pagar la factura de la luz.


Intuyo que voy por mal camino y me agarro como a un salvavidas a la escena del nacimiento, a ver si descubro el secreto de reunir lo aparentemente inconciliable: luz y noche, gloria e intemperie, ángeles y pastores, cielo y tierra, himnos y silencio, Mesías y pañales. Miro a los curritos de siempre desplazándose a merced de un gobernante (¿con túnica a medida regalada como pago de algo?), y al posadero colgando el “Completo” en su puerta, lo mismo que nosotros en nuestras fronteras. Y en medio de todo eso, el anuncio asombroso de que Dios está de nuestra parte, le caemos divinamente, está encantado ser vecino nuestro y da por supuesta nuestra capacidad de cambiar. Y pienso ahora que la verdadera “competencia navideña” es la que nos capacita para vivir a la vez la filantropía y la xenosía, el embeleso y la indignación, la canción y la crítica, el realismo y la esperanza.

Y como nos resulta tan difícil de adquirir, el Evangelio nos señala a la mujer que, en medio de la noche, daba vueltas en su corazón a lo que estaba pasando, reunía lo disperso y concertaba lo discordante (Lc 2,19).


Santa María, Experta en Competencia Navideña, ruega por nosotros.


(*) Publicado en ALANDAR

26 de octubre de 2009

PARA PENSAR...



" Imitad a la Madre de Dios
 sobre todo en la HUMILDAD..."
( Ven. Úrsula Benincasa )


DESTELLOS
Dolores Alexandre
( Publicado en ALANDAR )


Al principio todo marchaba viento en popa: qué gusto escuchar por televisión cosas como éstas: “La justicia es inseparable de la caridad, intrínseca a ella, es su medida mínima”; “el amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz”. “Dar de comer a los hambrientos (cf. Mt 25,35) es un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir”; “en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta”; “los pobres son el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano”; “comprar es siempre un acto moral y no sólo económico”; “urge la reforma de la arquitectura económica y financiera internacional”. “La responsabilidad es global, porque no concierne sólo a la energía, sino a toda la creación, para no dejarla a las nuevas generaciones empobrecida en sus recursos”…


Pero cuánta razón tenía Qohelet cuando afirmaba: Una mosca muerta echa a perder un perfume. (Qo 10,1): la espléndida “banda sonora” de frases de la encíclica “Caritas in Veritate” perdió de pronto gran parte de su contundencia al aparecer “el destello”: la cámara enfocó en primer plano el anillo de oro en la mano del Papa, la gran cruz con su cadena, también de oro, y la pluma con la que firmaba la encíclica, con pinta de más de lo mismo.

Agredida por semejante destello áureo, me puse de mal humor y cometí el error de irme a dormir bajo su impacto. Y en mala hora lo hice porque, nada más dormirme, me visitaron en sueños Doña Perplejidad y Doña Irritación, cogidas del brazo y quitándose la palabra la una a la otra: -“¿Cómo es posible que el sector eclesial que nos representa tenga tan atrofiada la sensibilidad para el lenguaje de las imágenes y de los símbolos?” “Es evidente que, aunque se vendiera todo eso para dárselo a los pobres, no se iba a remediar la injusticia que padecen, pero ¿cómo no se dan cuenta de lo impropios que resultan esos escenarios, vestimentas y pedrerías?” “Resulta incomprensible que ningún responsable de comunicación vaticana sea consciente de que pronunciar palabras tan graves como justicia, pobres, solidaridad o hambre, sobre un trasfondo de mármoles, tapices, terciopelos, sedas y oros es tan incongruente como escribir hortografía con H”. “¿No son capaces de imaginar el impacto que supondría ver firmar la encíclica en la sede de la FAO, por ejemplo, o en uno de esos poblados de gitanos que Berlusconi pretende exterminar?”

Estaba yo encantada de escucharlas, asintiendo con la cabeza y dándoles muestras de efusivo acuerdo cuando, para completar el trío, aparece en escena Doña Viga-en-el-ojo-propio, que ya me ha visitado otras veces, se me planta delante con los brazos en jarras y me espeta las siguientes preguntas: - “Y tú, maja, ¿qué tal andas de destellos? Porque seguro que más de uno que te conoce se tiene que poner gafas de sol para soportar los tuyos… ¿O es que te crees que por okupar esta columna estás ya a salvo de tus propias incoherencias? ¿Y qué propuestas tienes para cambiar todo eso que tanto criticas? Porque no irás a creerte que lo vas a solucionar repartiendo a todo el personal eclesiástico cruces de madera, anillos de tucún y bolígrafos de propaganda…”

He amanecido agotada pero con tres decisiones clarísimas: estar más atenta a los destellos que provocan mis inconsecuencias, leerme la encíclica de pe a pa, faltaría más y, por aquello de que ojos que no ven corazón que no siente, enterarme sólo por radio de las noticias vaticanas.Más que nada por no agarrar una conjuntivitis A.

Y tú.... ¿ Cómo andas de " destellos " ?

10 de octubre de 2009

EL DON QUE SE RECIBE EN LO ESCONDIDO


"Permaneced con gran paz a los pies del Señor..."
(Úrsula Benincasa )




LA INTERIORIDAD EN LA BIBLIA
Dolores Aleixandre RSCJ


“A medida que envejezco voy valorando más y más el descubrimiento del propio lugar como medida de la madurez, como conquista fundamental de la sabiduría vital. Ese lugar no es un espacio público, es decir, no tiene nada que ver con el éxito social. Es un sitio interior, algo así como una ligereza en la asunción de todas las capas de lo que uno es, aquellas que sé nombrar y aquellas para las que no tengo ni tendré nunca palabras. Es ese espacio íntimo desde el que no necesito preguntarme quién soy, ni representarme para los demás. Un lugar de serenidad probablemente inalcanzable desde el que se deben entender los secretos de la muerte y de la vida” .

Ignoro si la autora de estas palabras ha leído alguna vez el sermón del monte en el evangelio de Mateo y más bien me inclino a pensar que no. En todo caso, resulta significativa su coincidencia con lo que allí leemos:

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, porque les gusta plantarse de pie para orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para hacerse ver por la gente: os digo de verdad que ya han conseguido su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, cerrando la puerta, ora a tu Padre que está en lo escondido. Y tu Padre que mira en lo escondido, te devolverá (Mt 6,5-6).

También aquí aparecen contrapuestos dos escenarios muy diferentes: uno exterior, en un plural que incluye lugares religiosos y profanos, y otro interior, expresado con un término griego peculiar, tameion, que puede significar tanto la pequeña despensa de una casa como la habitación única de la casa judía. En cualquier caso está en oposición al espacio público y lo que se subraya es lo escondido.


Otro contraste intencionadamente buscado es el de los hipócritas, un colectivo presentado un poco ridículamente, frente al singular y directo tú. A los primeros los ve la gente, al verdadero destinatario de la enseñanza sólo lo ve el Padre. Hay un juego de palabras significativo: en el término griego hipócrita está presente el verbo cripto, esconder, y es precisamente a lo escondido donde hay que acudir para orar.



Los verbos que indican la postura y la actitud están también cargados de intención: estar plantado en pie (una postura estática y desafiante) frente a entrar (un gesto dinámico marcado por la preposición que indica un movimiento en dirección a algo).



Tanto los hipócritas como el tú consiguen una recompensa (salario, paga, premio...) pero ahí aparece una absoluta diferencia: de los primeros se dice que la consiguen (o que se apoderan de ella), hasta el final son ellos los protagonistas y actores (nunca mejor dicho...). Ya se han ofrecido en espectáculo y se quedan satisfechos porque lo que iban buscando era verse reflejados en la mirada de los demás y obtener así un crecimiento en su propio prestigio. En cambio, el que entra en su aposento y cierra la puerta, deja atrás el mundo de los reflejos y se adentra en una oscuridad en la que ya no es observado por nadie de fuera: ahora sólo está expuesto a la mirada del único que ve lo escondido.


Imposible encontrar mejores imágenes para expresar lo que es la interioridad en la Biblia. Vamos a seguir la pista a ese ámbito de lo escondido y a sus caminos de acceso para tratar de descubrir en qué consiste el don que se recibe ahí. [....]

Para bajar el artículo completo en word, haz clic AQUÍ

8 de octubre de 2009

DECÍAN DE JESÚS...

" Que Cristo absorba vuestro pensamiento como maestro, como amigo..."
( Úrsula Benincasa )




DISFRUTABA DE LA VIDA...
Dolores Aleixandre (*)





Frente a Juan Bautista, aquel hombre de desiertos, austeridades, ayunos y palabras sobrecogedoras, a más de uno debió escandalizarle la facilidad de Jesús para hacerse amigos, rodearse de gente, caminar en compañía, aceptar invitaciones y sentarse a la mesa con todo tipo de personas. En una ocasión dijo en voz alta lo que sabía que muchos murmuraban por lo bajo : “ Vino Juan el Bautista, que no comía ni bebía y dijisteis: «Está endemoniado». Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: «Ahí tenéis a un comilón y a un borracho, amigo de los publicanos y pecadores » ( Lc 7, 33-34). Y es que llevarse a sus discípulos a una boda en Caná no resultaba una manera adecuada de iniciación al discipulado, ¿no hubiera sido mejor que se formaran en una escuela rabínica o en una vida disciplinada y seria, lejos del bullicio y las distracciones de un pueblo o una ciudad? Una fiesta de bodas no parecía un lugar conveniente para alguien de quien decían que era un profeta: ni Amós, ni Isaías ni Jeremías habían participado nunca en festejos de ese tipo. ¿Qué hacía este galileo itinerante interviniendo para que el vino que se sirviera al final fuera el mejor que el somelier había probado nunca? ¿Por qué se le vio después a sus anchas, sentado en la hierba y rodeado de la gente que le había seguido y que ahora descansaba y comía el pan y pescado que él les repartía? Y cuando en más de una ocasión, algunas mujeres imprudentes y atrevidas le ungieron con perfume, dicen que en vez de apresurarse a lavarse y purificarse, dejó que su túnica, sus pies y su cabeza quedaran impregnadas de un penetrante olor a nardo...

Era evidente que amaba esta vida nuestra: sus gentes, su proximidad, su conversación, sus manjares, sus vinos, sus perfumes, sus fiestas, sus paisajes. “Así es vuestro Padre”, parecía decir: “desea vuestra compañía, os acoge a su mesa, os ungirá con óleo, hará rebosar vuestra copa...Veníos conmigo, dejadme conduciros a Su casa, confiad en mí, yo sé cuáles son los caminos que conducen a ella. Trabajad para que ninguno de vuestros hermanos quede excluido del banquete y todos puedan darle gracias y bendecirle”.


Y entonces , podemos preguntarnos. ¿ por qué hablaba tanto de la puerta estrecha y de perder la vida para ganarla y del grano de trigo que cae en tierra y muere para dar fruto ? ¿Por qué aquel final suyo tan tremendo de pasión, azotes, corona de espinas y cruz?


Es que le importábamos nosotros más que su propia existencia y, si para que tuviéramos vida y vida abundante él tenía que perder la suya, nada ni nadie podía “distraer” ni detener su amor. Pero esa es otra historia para otro día.

(*) Publicado en " Humanizar " de los Padres Camilos.

Música para orar y compartir...


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