15 de octubre de 2009

PROFESION SOLEMNE- MEXICO 2009



PROFESIÓN SOLEMNE
SOR ARELI CRUZ,
SOR GUADALUPE MOCTEZUMA
SOR MARY ROCHA

Queremos compartir con los lectores del
BLOG DE MADRE ÚRSULA
algunas fotografías de este
grato y fraterno acontecimiento.
Agradecemos el material que nos ha enviado
Sor Mary Rocha.

Para ver la totalidad del álbum,
por favor, haz clic AQUÍ

¡ Felicidades, Hermanas !





clic sonbre las imágenes para agrandar.


14 de octubre de 2009

BENDICIÓN...






Simplemente, ora , adora y confía...


Que Dios bendiga tus oídos,



para que oigas la llamada de Dios


a la justicia,


a la verdad y a la paz.


Que Dios bendiga tus ojos,


para que veas claramente


la voluntad de Dios para ti.


Que Dios bendiga tus labios,


para que digas palabras


de verdad y compasión.


Que Dios bendiga tus manos,


para que toques a otros


con ternura y amor.


Que Dios bendiga tus pies,


para que sean pies de peregrino


que van a donde Dios los llama,


con coraje, integridad y alegría.


Que Dios bendiga tu corazón,


para que sintiendo el dolor


y la alegría de los demás,


los ames profunda y sinceramente.


Que Dios bendiga todo tu ser,


ahora y por siempre. Amén.

12 de octubre de 2009

EL JOVEN RICO...




" Despréndete de TODO y de TODOS..."
( Madre Úrsula )



SI QUIERES LLEGAR HASTA EL FINAL...



Si quieres llegara hasta el final, una cosa te falta.

Pero, 

¿de verdad quiero llegar hasta el final?

Y ¿qué sentido tiene emprender una carrera

si no tienes intención de llegar a la meta?



Es ridículo pensar que Dios 

nos exige renunciar a algo.

No se trata de renunciar, sino de elegir bien.

Pero el secreto de toda buena elección 

es el conocimiento.

Tomar conciencia de lo que es mejor

será el primer paso.



Cuando queremos alcanzar dos metas a la vez,

el fracaso está asegurado.


La plenitud de ser y las seguridades

son incompatibles,

Nunca podremos armonizarlas.

¿ Cuáles son las seguridades 

que te impiden ser de Cristo?

¿ Dónde está tu tesoro ?


ALGO NOS FALTA

El cambio fundamental al que nos llama Jesús es muy claro. Decidirse a dejar de ser un hombre egoísta que ve a los demás en función de sus propios intereses para atreverse a iniciar una vida fraterna en la que uno se ve a sí mismo en función de los demás.

Por eso, a un hombre rico que observa fielmente todos los preceptos de la ley, pero que vive encerrado en sus propias riquezas, le falta algo esencial para ser su discípulo: compartir lo que tiene con los desposeídos.

Hay algo muy claro en el evangelio de Jesús. La vida no se nos ha dado para hacer dinero, para tener éxito o para lograr un bienestar personal, sino para hacernos hermanos. Si nosotros pudiéramos ver el proyecto de Dios con la transparencia con que lo veía Jesús y comprender con una sola mirada el fondo último de la existencia, nos daríamos cuenta de que lo único importante es crear fraternidad.


El amor fraterno que nos lleva a compartir lo nuestro con los necesitados es «la única fuerza de crecimiento», lo único que hace avanzar decisivamente a la humanidad hacia su salvación. El hombre más logrado no es, como se piensa, aquél que consigue acumular mayor cantidad de dinero, sino quien sabe convivir mejor y de manera más fraternal.

Por eso, cuando un hombre renuncia poco a poco a la fraternidad y se va encerrando en sus propias riquezas e intereses, sin resolver el problema del amor, termina fracasando como hombre. Y aunque viva observando fielmente unas normas de conducta ética, al encontrarse con el evangelio, descubrirá que en su vida no hay verdadera alegría. Y se alejará del mensaje de Jesús con la misma tristeza que aquel hombre que «se marchó triste porque era muy rico».


Los cristianos somos capaces de instalarnos cómodamente en nuestra religión, sin reaccionar ante la llamada del evangelio y sin despertar ningún cambio fundamental en nuestra vida. Hemos convertido nuestro cristianismo en algo poco exigente. Hemos «rebajado» el evangelio acomodándolo a nuestros intereses. Pero ya esa religión no puede ser fuente de alegría. Nos deja tristes y sin consuelo verdadero.


Ante el evangelio, hemos de preguntarnos sinceramente si nuestra manera de vivir, de ganar y de gastar el dinero es la propia de quien sabe compartir o la de quien busca sólo acumular. Si no sabemos dar lo nuestro al necesitado, algo esencial nos falta para vivir con alegría cristiana.



UN VACÍO EXTRAÑO


Vivimos en la «cultura del tener». Esto es lo que se afirma de diversas maneras en casi todos los estudios que analizan la sociedad occidental. Poco a poco el estilo de vida del hombre contemporáneo se va orientando hacia el tener, acaparar y poseer. Para muchos es la única tarea rentable y sensata. Todo lo demás viene después.


Ciertamente ganar dinero, poder comprar cosas y poseer toda clase de bienes produce bienestar. La persona se siente más segura, más importante, con mayor poder y prestigio. Pero cuando la vida se orienta sólo en la dirección del acaparar siempre más y más, la persona puede terminar arruinando su ser.


El tener no basta, no sostiene al individuo, no le hace crecer. Sin darse cuenta, la persona va introduciendo cada vez más necesidades artificiales en su vida. Poco a poco va olvidando lo esencial. Se rodea de objetos, pero se incapacita para la relación viva con las personas. Se preocupa de muchas cosas pero no cuida lo importante. Pretende responder a sus deseos más hondos satisfaciendo necesidades periféricas. Vive en el bienestar pero no se siente bien.


Éste es precisamente uno de los fenómenos más paradójicos en la sociedad actual: el número de personas «satisfechas» que terminan cayendo en la frustración y el vacío existencial. Desde su amplia y reconocida labor psicoterapeuta, Viktor Frankl ha mostrado la razón última de este «vacío existencial». Cogidas por el bienestar, estas personas olvidan que, para desplegar su ser, el individuo necesita salir de sí mismo, servir a una causa, entregarse, amar a alguien, compartir. Sin esta «auto-trascendencia» no hay verdadera felicidad.

De este vacío no libera ni la religión cuando también ella se convierte en objeto de consumo. La persona «tiene» entonces una religión, pero su corazón está lejos de Dios; posee un catálogo de verdades que confiesa con los labios pero no se abre a la verdad de Dios. Trata de acumular méritos pero no crece en capacidad de amar.

Es significativa la escena evangélica. Un rico se acerca a Jesús. No le pregunta por esta vida pues la tiene asegurada. Lo que quiere es que la religión le asegure la vida eterna. Jesús le habla claro: «Una cosa te falta: liberarte de tus bienes y aprender a compartir con los necesitados».


UN DINERO QUE NO ES NUESTRO


En nuestras iglesias se pide dinero para los necesitados, pero ya apenas expone hoy nadie la doctrina cristiana que sobre el dinero predicaron con fuerza teólogos y predicadores como S. Ambrosio de Tréveris, S. Agustín de Hipona o S. Bernardo de Claraval.

Una pregunta aparece constantemente en sus labios. Si todos somos hermanos y la tierra es un regalo de Dios a toda la humanidad, ¿con qué derecho podemos seguir acaparando lo que no necesitamos, si con ello estamos privando a otros de lo que necesitan para vivir? ¿No hay que afirmar más bien que lo que le sobra al rico pertenece al pobre?


No hemos de olvidar que poseer algo siempre significa excluir de aquello a los demás. Con la «propiedad privada estamos siempre "privando a otros de aquello que nosotros disfrutamos".


Por eso, cuando damos algo nuestro a los pobres, tal vez estamos en realidad, restituyendo lo que no nos corresponde totalmente. Escuchemos estas palabras de S. Ambrosio: «No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo. Pues lo que es común es de todos, no sólo de los ricos... Pagas, pues, una deuda; no das gratuitamente lo que no debes».


Naturalmente, todo esto puede parecer idealismo ingenuo e inútil. Las leyes protegen de manera inflexible la propiedad privada de los grandes potentados aunque dentro de la sociedad haya pobres que viven en la miseria. S. Bernardo reaccionaba así en su tiempo: «Continuamente se citan leyes en nuestros palacios; pero son leyes de Justiniano, no del Señor».


No nos ha de extrañar que Jesús, al encontrarse con un hombre rico que ha cumplido desde niño todos los mandamientos, le diga que todavía le falta una cosa para adoptar una postura auténtica de seguimiento a El: dejar de acaparar y comenzar a compartir lo que tiene con los necesitados.


El rico se alejó de Jesús lleno de tristeza. El dinero lo ha empobrecido, le ha quitado libertad y generosidad. El dinero le impide escuchar la llamada de Dios a una vida más plena y más humana.


«Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios». No es una suerte tener dinero sino un verdadero problema. Pues el dinero nos cierra el paso y nos impide seguir el verdadero camino hacia la vida.

Publicado en http://lamparaestupalabra.blogspot.com/

10 de octubre de 2009

EL DON QUE SE RECIBE EN LO ESCONDIDO


"Permaneced con gran paz a los pies del Señor..."
(Úrsula Benincasa )




LA INTERIORIDAD EN LA BIBLIA
Dolores Aleixandre RSCJ


“A medida que envejezco voy valorando más y más el descubrimiento del propio lugar como medida de la madurez, como conquista fundamental de la sabiduría vital. Ese lugar no es un espacio público, es decir, no tiene nada que ver con el éxito social. Es un sitio interior, algo así como una ligereza en la asunción de todas las capas de lo que uno es, aquellas que sé nombrar y aquellas para las que no tengo ni tendré nunca palabras. Es ese espacio íntimo desde el que no necesito preguntarme quién soy, ni representarme para los demás. Un lugar de serenidad probablemente inalcanzable desde el que se deben entender los secretos de la muerte y de la vida” .

Ignoro si la autora de estas palabras ha leído alguna vez el sermón del monte en el evangelio de Mateo y más bien me inclino a pensar que no. En todo caso, resulta significativa su coincidencia con lo que allí leemos:

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, porque les gusta plantarse de pie para orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para hacerse ver por la gente: os digo de verdad que ya han conseguido su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, cerrando la puerta, ora a tu Padre que está en lo escondido. Y tu Padre que mira en lo escondido, te devolverá (Mt 6,5-6).

También aquí aparecen contrapuestos dos escenarios muy diferentes: uno exterior, en un plural que incluye lugares religiosos y profanos, y otro interior, expresado con un término griego peculiar, tameion, que puede significar tanto la pequeña despensa de una casa como la habitación única de la casa judía. En cualquier caso está en oposición al espacio público y lo que se subraya es lo escondido.


Otro contraste intencionadamente buscado es el de los hipócritas, un colectivo presentado un poco ridículamente, frente al singular y directo tú. A los primeros los ve la gente, al verdadero destinatario de la enseñanza sólo lo ve el Padre. Hay un juego de palabras significativo: en el término griego hipócrita está presente el verbo cripto, esconder, y es precisamente a lo escondido donde hay que acudir para orar.



Los verbos que indican la postura y la actitud están también cargados de intención: estar plantado en pie (una postura estática y desafiante) frente a entrar (un gesto dinámico marcado por la preposición que indica un movimiento en dirección a algo).



Tanto los hipócritas como el tú consiguen una recompensa (salario, paga, premio...) pero ahí aparece una absoluta diferencia: de los primeros se dice que la consiguen (o que se apoderan de ella), hasta el final son ellos los protagonistas y actores (nunca mejor dicho...). Ya se han ofrecido en espectáculo y se quedan satisfechos porque lo que iban buscando era verse reflejados en la mirada de los demás y obtener así un crecimiento en su propio prestigio. En cambio, el que entra en su aposento y cierra la puerta, deja atrás el mundo de los reflejos y se adentra en una oscuridad en la que ya no es observado por nadie de fuera: ahora sólo está expuesto a la mirada del único que ve lo escondido.


Imposible encontrar mejores imágenes para expresar lo que es la interioridad en la Biblia. Vamos a seguir la pista a ese ámbito de lo escondido y a sus caminos de acceso para tratar de descubrir en qué consiste el don que se recibe ahí. [....]

Para bajar el artículo completo en word, haz clic AQUÍ

Música para orar y compartir...


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