31 de octubre de 2009

LETANÍAS PARA MADRE ÚRSULA





- Luz de Sant´Elmo, enciende nuestra arcilla baldía.

Si el barro no se quema no nos sirven las llamas

- Jardín en flor procura que la luz se arrodille

Si no se pone el fuego de rodillas y exulta
para qué el candelabro tiene forma de huerto.

- Enséñanos el vuelo, ventanal de los pájaros.

Cómo abrir la ventana de la celda si el día
No es un jardín de alondras que florece en el aire.

- Loca de amor, ordena la ternura en su sitio.

Un cesto de caricias sólo es cesto si vamos
por las calles del mundo repartiéndolo, Úrsula,
de balde a quienes nunca conocieron el sol.

- Corazón derramado, pon en pie la alegría.

Ah, la alegría. Sólo podremos contentarnos
Cuando en la cruz desborden la azucena y la estrella.

- Puñado de luceros, guíanos en la noche.

Si uno va por lo oscuro extraviado y perdido
decid por qué deslumbran los ojos y las manos.

- Disipa nuestras sombras, vendaval del Espíritu.

Qué hacer aquí, pegados los labios enla tierra,
cuando el cielo es hermoso como un río de pie.

- Candil sobre la mesa, únenos en familia.

- Qué sucede entre hermanos cuando el pan se reparte
y llaman a la puerta los mendigos y Dios.

- Cumbre del aire, limpia de polvo nuestros párpados.

Dios cuida nuestros ojos para avistar el cielo
y si no quién pudiese destrenzar ya esta niebla.

- Madre Úrsula, ruega por tanto pecador.

Ruega por quienes vamos con la orfandad encima
Mientras se cuela el río por los huesos. Y somos
Un puñado de lumbre que tirita y se parte
Por la mitad. Dirige nuestros pies por el mundo.

Ruega por nos, Mujer.
Ruega por estas manos que a veces se equivocan.
Ruega por estos ojos que se cierran a veces.
Por la paz que nos falta. Por la luz que perdemos.

Si la luz se nos niega qué ocurrirá en el mundo.
Y si no van las manos a rozar las estrellas
Para qué ya los ojos, para qué andar aún.

( VALENTIN ARTEAGA, C.R. )

29 de octubre de 2009

EL PASTOR

¿ Tienes cinco minutos ?
Por favor, mira esto...

El_Pastor

27 de octubre de 2009

¿ ME AMAS ?


 " Que tu única regla sea el amor..."
( Úrsula Benincasa )



¿ Me amas ?
JUAN MANUEL DE PRADA (*)
 

Nuestro alejamiento de las lenguas clásicas –un barco a la deriva que se va hundiendo irreparablemente– nos impide disfrutar de delicadezas como la que Benedicto XVI resalta en un pasaje de su último libro, Los apóstoles y los primitivos discípulos de Cristo (Espasa), dedicado a Pedro. En griego existen dos verbos que designan la acción de amar: filéo, que expresa el amor de la amistad, tierno y entregado, pero no totalizador; y agapáo, que significa amar sin reservas, con una donación completa e incondicional a la persona amada. El evangelista Juan, cuando refiere el episodio de la aparición de Jesús resucitado a Pedro a orillas del lago Tiberíades, emplea ambos de un modo muy significativo y dilucidador. Podemos imaginarnos ese episodio como el encuentro de dos viejos amigos conscientes de la herida que se ha abierto en su relación, pero dispuestos a restañarla sinceramente, dispuestos a recibir y dar perdón, para que esa herida no ensombrezca el futuro de su amistad.

Pedro sabe que, apenas unos días antes, cuando su amigo más lo necesitaba, lo ha traicionado por cobardía o por mero instinto de supervivencia, negándolo hasta tres veces después de prometerle lealtad absoluta. Y Jesús, por su parte, sabe que esa traición ha sido consecuencia de la debilidad de su amigo, consecuencia pues de la propia naturaleza humana; y sabe también que su amigo está avergonzado y mohíno por su falta de coraje. 

Entonces Jesús, dispuesto a olvidar ese desliz, le pregunta a bocajarro: «¿Me amas?».

El evangelista escribe agapâs-me; esto es: «¿Me amas con un amor completo e incondicional?». Es como si Jesús demandara a Pedro un amor superior al que hasta entonces le ha profesado, un amor que excluya las debilidades y que proclame una adhesión entusiasta, acérrima, tal vez sobrehumana. 


Nada hubiese resultado más sencillo para Pedro que responder agapô-se («te amo incondicionalmente»), satisfaciendo esa demanda de amor absoluto que Jesús le lanza; pero, consciente de sus limitaciones, consciente de que lo ha traicionado y de que en el futuro tal vez vuelva a hacerlo (aunque, desde luego, nada más alejado de su propósito), Pedro le responde con pudorosa y escueta humildad: Kyrie, filô-se; esto es: «Señor, te quiero al modo humano, con mis limitaciones». 

Podemos imaginar que la respuesta de Pedro por un segundo defraudaría a Jesús: ha ofrecido a su amigo su perdón sincero y algo más que su perdón, a cambio de que nunca más le vuelva a fallar; pero su amigo no desea defraudarlo con esperanzas vanas, no desea que Jesús le atribuya virtudes sobrehumanas. Entonces Jesús insiste y vuelve a usar el verbo agapáo: «¿Me amas más que éstos?», refiriéndose a los discípulos que se hallan junto a Pedro a orillas del lago. Esta segunda pregunta de Jesús debió de incorporar un matiz perentorio, incluso exasperado, algo así como: «Oye, te estoy preguntando que si me amas a muerte, no me vengas con medias tintas». Pedro sin duda captó ese tono requirente, tal vez incluso enojado de Jesús; y algo debió de temblar dentro de él, tal vez el miedo a decepcionar a su amigo; y no parece improbable que su respuesta tuviese un tono compungido, desfalleciente, lastimado, temeroso de recibir una reprimenda. Pero así y todo volvió a emplear el verbo filéo: «Señor, te quiero a mi pobre y defectuosa manera, con todas mis fragilidades a cuestas». 

Entonces Jesús vuelve a interpelarlo por tercera vez, como tres habían sido las veces que su amigo lo había negado, en la noche amarga; pero, para sorpresa de Pedro, que ya estaría esperando un chaparrón de maldiciones e invectivas, Jesús emplea ahora el mismo verbo al que Pedro se había aferrado antes: Fileis-me? 

Es un momento de gran fuerza conmovedora, porque Jesús se da cuenta de que no puede exigirle a su amigo algo que no está en la frágil naturaleza humana; y, olvidándose de esa exigencia sobrehumana, se adapta, se amolda a la debilidad de Pedro, a la frágil condición humana, porque entiende que en su amor renqueante que tropieza y cae y sin embargo se vuelve a levantar dispuesto a proseguir sin titubeos su camino puede haber un ímpetu, una alegría de andar superior incluso a la de un amor que se cree vacunado contra todos los tropiezos. Entonces Pedro, gratificado por el perdón de su amigo que lo acepta como es, que lo abraza también en el tropiezo y en la caída, afirma con alivio, con decisión, con alborozo: «Sabes que te quiero» (filô-se).

Y fueron amigos para siempre. Tal vez porque el amor más exigente e incondicional es el que brindamos a quien no nos viene con demasiadas condiciones y exigencias.


(*) Publicado en XL SEMANAL- 25/10/2009

26 de octubre de 2009

PARA PENSAR...



" Imitad a la Madre de Dios
 sobre todo en la HUMILDAD..."
( Ven. Úrsula Benincasa )


DESTELLOS
Dolores Alexandre
( Publicado en ALANDAR )


Al principio todo marchaba viento en popa: qué gusto escuchar por televisión cosas como éstas: “La justicia es inseparable de la caridad, intrínseca a ella, es su medida mínima”; “el amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz”. “Dar de comer a los hambrientos (cf. Mt 25,35) es un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir”; “en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta”; “los pobres son el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano”; “comprar es siempre un acto moral y no sólo económico”; “urge la reforma de la arquitectura económica y financiera internacional”. “La responsabilidad es global, porque no concierne sólo a la energía, sino a toda la creación, para no dejarla a las nuevas generaciones empobrecida en sus recursos”…


Pero cuánta razón tenía Qohelet cuando afirmaba: Una mosca muerta echa a perder un perfume. (Qo 10,1): la espléndida “banda sonora” de frases de la encíclica “Caritas in Veritate” perdió de pronto gran parte de su contundencia al aparecer “el destello”: la cámara enfocó en primer plano el anillo de oro en la mano del Papa, la gran cruz con su cadena, también de oro, y la pluma con la que firmaba la encíclica, con pinta de más de lo mismo.

Agredida por semejante destello áureo, me puse de mal humor y cometí el error de irme a dormir bajo su impacto. Y en mala hora lo hice porque, nada más dormirme, me visitaron en sueños Doña Perplejidad y Doña Irritación, cogidas del brazo y quitándose la palabra la una a la otra: -“¿Cómo es posible que el sector eclesial que nos representa tenga tan atrofiada la sensibilidad para el lenguaje de las imágenes y de los símbolos?” “Es evidente que, aunque se vendiera todo eso para dárselo a los pobres, no se iba a remediar la injusticia que padecen, pero ¿cómo no se dan cuenta de lo impropios que resultan esos escenarios, vestimentas y pedrerías?” “Resulta incomprensible que ningún responsable de comunicación vaticana sea consciente de que pronunciar palabras tan graves como justicia, pobres, solidaridad o hambre, sobre un trasfondo de mármoles, tapices, terciopelos, sedas y oros es tan incongruente como escribir hortografía con H”. “¿No son capaces de imaginar el impacto que supondría ver firmar la encíclica en la sede de la FAO, por ejemplo, o en uno de esos poblados de gitanos que Berlusconi pretende exterminar?”

Estaba yo encantada de escucharlas, asintiendo con la cabeza y dándoles muestras de efusivo acuerdo cuando, para completar el trío, aparece en escena Doña Viga-en-el-ojo-propio, que ya me ha visitado otras veces, se me planta delante con los brazos en jarras y me espeta las siguientes preguntas: - “Y tú, maja, ¿qué tal andas de destellos? Porque seguro que más de uno que te conoce se tiene que poner gafas de sol para soportar los tuyos… ¿O es que te crees que por okupar esta columna estás ya a salvo de tus propias incoherencias? ¿Y qué propuestas tienes para cambiar todo eso que tanto criticas? Porque no irás a creerte que lo vas a solucionar repartiendo a todo el personal eclesiástico cruces de madera, anillos de tucún y bolígrafos de propaganda…”

He amanecido agotada pero con tres decisiones clarísimas: estar más atenta a los destellos que provocan mis inconsecuencias, leerme la encíclica de pe a pa, faltaría más y, por aquello de que ojos que no ven corazón que no siente, enterarme sólo por radio de las noticias vaticanas.Más que nada por no agarrar una conjuntivitis A.

Y tú.... ¿ Cómo andas de " destellos " ?

Música para orar y compartir...


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